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Florilegios y otras Heterodoxias

Leer, una aventura que apenas comienza...


En la era de la tecnología y de su vertiginoso crecimiento; el tiempo del ancho de banda y las aplicaciones móviles; la época de las redes sociales y del asombroso acercamiento a lo que antes llamábamos el infinito, es paradójico que vivamos una de las crisis más profundas en uno de los placeres más bellos y benéficos para el ser humano: la lectura.

Leemos menos, es una sentencia triste y muy real para los colombianos. El caos del sistema educativo producto de la ruptura de la triada Estado – Familia – Escuela, influye negativamente en la capacidad de superar los bajos índices de lectura. Ello afecta considerablemente los niveles de aprendizaje aumentando la mortalidad y/o deserción escolar en toda la escala formativa: primaria, secundaria y universitaria.

A pesar del esfuerzo los maestros aún no logran traspasar el muro que ha instaurado la tecnología entre ellos y el aprendizaje. Diversos estudios determinan la considerable distancia entre los métodos tradicionales de enseñanza y el estudiante del siglo veintiuno. Las bibliotecas son animales en vías de extinción, grandes dinosaurios olvidados en anaqueles empolvados donde, si acaso, algún desprevenido niño logre cazar alguno, al menos, verlo de lejos caminar hacia ese horizonte llamado “olvido”

La estrategia por mejorar el promedio de lectura en nuestro país no puede limitarse al libro per se, pues ¿de qué sirve un libro que no se desea abrir? Es importante que el docente en el aula se convierta en un motivador de lectura, un gran narrador de historias capaz de llevar la imaginación a lugares pocos comunes. Una voz que recita poesías mientras enseña matemática jamás será olvidada, llenará de esperanza los números, de emoción la geografía humana, y de finales felices los días en la escuela.

El acercamiento al proceso lector debe partir de incorporar la narrativa, según el enfoque de Kieran Egan, en el que afirma que no hay niño que se resista al escuchar “érase una vez”, ya que muchos niños utilizan la fantasía como herramienta de aprendizaje. Herrestein – Smith (1981) determinan: “la narrativa… es algo que está intrínsecamente incorporado al accionar humano. De acuerdo con este punto de vista, la narrativa está constituida por una serie de actos verbales, simbólicos o conductuales que se hilvanan con el propósito de “contarle a alguien que ha sucedido algo”.[1]

Toda narración es una oportunidad para despertar el interés por los libros, descubrir a los ojos una constelación de posibilidades que lleven a nuestros niños a soñar de nuevo con utopías posibles. He ahí el teatro y su hermanito menor: los títeres; he ahí el cine y su secuencia policroma, he ahí el cuentero y su sombrero lleno de historias; he ahí la voz y sus innumerables modulaciones; de todos ellos nos valemos en AULA12 para que nuestros jóvenes sean lectores habituales superando el rol pasivo del receptor y trascienda al de “perceptor”[2] como lo propone Schramm, en su modelo de comunicación. La lectura trasciende la simple decodificación de un lenguaje escrito; se lee el entorno, la gestualidad, las situaciones cotidianas. Leer debe ser una aventura que nos guíe hacia una conciencia de la libertad, donde la curiosidad es la materia prima para construir un verdadero y auténtico conocimiento. Uno de los caminos es el libro, pero no es el único.

 


[1] MC EWAN, Hunter – EGAN, Kieran. La Narrativa en la enseñanza, el aprendizaje y la investigación. Tradución Ofelia Castillo. Amorrortu Editores.  1995.

[2] SCHRAMM, Wilbur. Process and Effects of Mass Communication. 1954.