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Florilegios y otras Heterodoxias

LA UNIVERSIDAD DE ESPALDA

Ignorancia no es la falta de conocimiento,

es la incapacidad de que el conocimiento vislumbre,

desde la individualidad, el bienestar colectivo.

 

Estamos ante uno de los más grandes y extraños fenómenos de los últimos tiempos. Nuestra universidad aboga por teorías, cobertura, prácticas, infraestructura, calidad, eficiencia, entre otros, sin embargo no encontramos por ningún lado un aspecto básicamente ligado al ser humano: la formación política.

 

Y es que nos ha tocado, desde hace varias generaciones, improvisarla o en el mejor de los casos continuar con la tradición familiar. Así, los partidos políticos de antaño, se han consolidado sin tanto esfuerzo e inversión. No obstante, han surgido las voces de aquellos que juegan en la oposición (la mal llamada “izquierda”) y que intentaron, en vano, llenar los oídos de los desarraigados con su eco de igualdad y equidad porque los que estaban en el otro bando (la mal llamada “derecha”) decidieron amangualarse en el reconocido “Frente Nacional” que ahora, muchas décadas después entendemos que es sinónimo de “exclusión”, lo que conllevó, inevitablemente, al surgimiento de los grupos subversivos que no eran otra cosa que campesinos y trabajadores defendiéndose de las persecuciones de los que detentaban el poder.

Cuando los jóvenes desembarcan en la universidad   −algunos como frívolos muchachitos imberbes o sintéticas muchachitas de tímida sonrisa−  llegan con el lastre de una formación escueta, insustancial y  obsoleta, y esperan, en vano, encontrar sosiego a las incertidumbres propias del ser humano: ¿A dónde voy? ¿Quién soy? ¿En qué debo creer? Y se encuentran con un colectivo enajenado, hablando de fútbol, moda, juegos de video, discotecas y bares; unos pocos, léase bien, una minoría se preocupa de los temas realmente importantes, pero esos son los excluidos, los raros, a los que por obvia naturaleza humana pocos quieren pertenecer.

De lo anterior  surge un gran interrogante: ¿A dónde fueron esos profesores quitavendas? esos que hacían grandes paréntesis en sus clases para mostrar el camino y legar su discurso, esos que escribían con denuedo y fe para tensar las voluntades laxas de sus estudiantes, esos que no dejaban morir la historia. Porque es justamente ahí, donde está la hendidura que en la última década y media se ha convertido en el abismo que nos separa de la posibilidad de que los mayorales de siempre no sigan gobernando de acuerdo a su voluntad y amaño sino a la conveniencia de una sociedad que requiere cambios estructurales: pueblo que olvida su historia está condenado a repetirla.

Es por ello que ahora tenemos un enorme grupo de adultos jóvenes que por no tener formado un criterio serio y amplio, reflexivo y contundente de lo que significa “política” continúan siguiendo el juego de unos politicastros a quienes ni siquiera les es merecido mencionarlos. Otros en cambio, prefieren abstenerse de ejercer su ciudadanía en el sufragio, y los menos, ni siquiera entienden la diferencia entre política y politeísmo.

Pero no quiero parecer tampoco pesimista, solo me divierto en hacer unas escuetas reflexiones obligadas acerca de nuestra actualidad. La escuela ha perdido su rol en la sociedad, en parte es culpa suya, pero también de todos nosotros que nos contentamos con saber lo que          ̶ a su amaño ̶   nos informan los medios de comunicación. Somos un selecto grupo de ignorantes desinformados, habitantes extraños en nuestra propia Latinoamérica. Quizá ese es el mayor peso que tenemos que soportar los Colombianos. La gran mayoría, que en algún lugar la historia, los convocó en el Alma Mater y que trajinaron con los mazos, las movilizaciones, y el aerosol rayaparedes ahora son los mismos que reniegan y conspiran contra su pueblo indignado, pordiosero e ingenuo. No cabe duda que la historia se repite, se repite, se repite…

 

Hernán Mallama Roux

Ocurrencias de un Pedabobo

Pedagolandia