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Florilegios y otras Heterodoxias

Lluvia

  
 

   





La tarde de ese viernes estaba sofocada por la cotidianidad; en las calles se lograban ver las carreras precipitadas de ejecutivos, vendedores ambulantes y gente común que se afanaba pr cumplir sus horarios y cuotas antes del cierre del mes y de bancos. Los pitos de los autos, el calor y la bruma, se hacían cada vez más insoportables, hasta que un evento, detuvo el tráfico.

        - ¡Vean, Vean! -Comenzó a gritar un loco de cabellos largos y sonrisa casi idiota, desde lo alto de un edificio. Todos observaron incrédulos al hombre suspendido en el borde de aquella terraza, algunos pensaron en un inminente suicidio.

          - ¡No se tire, no se tire!  - Gritaban unos.
          - ¡Tírese, tírese! - Gritaban otros.
Cuando ya el hombre, vio captada sus atención, continúo diciendo.

- ¡Vean el verde de afuera, el azul del cielo, los cristales      transparentes que se hacen lluvia de color y sueños!.
-¡Vean al horizonte casar cielo y tierra en esa ceremonia de luz y color... Vean cómo danzan las flores y las estrellas, cómo eructan los volcanes y la tierra!.
               ¡Es la danza del universo, es el orgasmo de los dioses y es en honor al hombre y su tenacidad! -Inmediatamente después, el hombre levantó sus brazos, y del cielo llovieron flores.
                   Eran flores de todas las formas y tamaños, que tapizaron de colores las frises calles de la ciudad.
Ante el milagroso fenómeno; las personas se abrazaron, se besaron, se hablaron. Había un motivo de alegría colectiva en aquella parte agitada de la urbe.
Pero un policia se asomó por una de las ventanas del último piso de aquel edificio y dijo:
- ¡El civil, favor bajarse! ¡Queda arrestado por crear desorden en la vía pública! -En ese instante un billete cayó del bolsillo de su camisa, colándose entre la lluvia de flores.
-¡Mi dinero, mi dinero! -Gritó el policía.
Las personas que estaban observando aquel fenómeno, saltaron dispuestas a atrapar el billete, como si se tratase se una piñata maldita; desgarrando sus ropas, halando sus cabellos, golpeándose, convitiéndose todos en una horda furibunda que quería ganar a toda costa aquel pedazo de papel. El policia no dejaba de gritar.

              -¡Recuerden el día de hoy - Dijo - El día que llovieron flores del cielo y uestedes se fijaron en un billete que se coló, algún día lloveran billetes y ustedes querrán fijarse sólo en la flor!
Un repentino aguacero cayó sobre las calles de aquella ciudad, sin dar tregua a nadie para escamparse.  El agua arrastró a las alcantarillas el tapete de flores que se había formado, quince minutos  después, nadie pudo recordar lo sucedido.

                                                         

                                            Carlos Vicente Sánchez Hernández
                                             CAVISA